domingo, 8 de abril de 2012

LA PREHISTORIA DE LA SICOTERAPIA.


            Mansson, J.M. (1991). Juicio en la psicoterapia, Chile, Cuatro vientos.
   
    La psicoterapia al igual que la psicología ha sufrido diversos cambios a lo largo de su historia, a través de la cual se ha visto precisada a definirse y redefinirse respondiendo a las necesidades de la época en la que se vive. Por lo anterior,  es posible encontrar las “raíces de la psicoterapia”, es decir, su prehistoria.
    En el libro “Juicio a la Psicoterapia”, se muestra cómo desde sus inicios ésta ha sido planteada para imponer la visión del terapeuta sobre el paciente y no para aliviar sus sufrimientos. Comenzando con ejemplos que me parecen interesantes de la prehistoria de la psicoterapia que datan de principios del siglo XX, en el que la visión del mundo de las enfermedades mentales tenía un enfoque regido por ciertos postulados: “la herencia es de primordial importancia, una vida sexual vigorosa es patogénica, la masturbación en particular, conduce a una peligrosa enfermedad, debe protegerse a los niños de toda forma de sexualidad, especialmente de la propia.”(pp. 11). Todo lo que fuera en contra de este postulado generaba perturbación en la persona  la cual se manifestaba de diversas  maneras, la más común la “insania moral”; que se caracterizaba por hacer cosas que el resto de la sociedad psiquiátrica masculina considerara malas.
    Por lo anterior, no es de extrañarse que abundaran en aquella época en Europa personas diagnosticadas con dicho trastorno. En Francia, como lo pone en manifiesto el caso de Harsilie Rouy quien fue despojada súbitamente de todos sus bienes por considerarla en un principio “loca y con identidad delirante” (diagnosticada así por una “confusión” de su nombre), después, cambió el diagnóstico  por el de  “orgullo”, posteriormente ese por el de “locura lucida” o “insania moral” y finalmente los dos anteriores por el de  “orgullo incurable”, diagnostico que la acompaño el resto de su vida.   Todos ellos debido a que a ella le gustaba escribir y con ello “fatigaba el sistema nervioso con exceso de trasnochadas y su aplicación al estudio su vida estaba llena de emociones”, lo cual era insano.
    Otro caso, no muy lejano al anterior es el de Julie La Roche una joven que fue llevada por su padre al hospital psiquiátrico bajo engaños y que fue diagnosticada inmediatamente por el psiquiatra que la atendía como “psíquicamente perversa” y enferma de  “insania moral” por no poder vivir como las otras mujeres, querer demasiado, tener demasiadas ideas y ser demasiado independiente.
     Con los dos casos mencionados brevemente arriba, desde el punto de vista del autor se puede ver que la práctica terapéutica en esos días parecía más un recurso para tiranizar personas,  que resultaban ser en su mayoría mujeres a las que sus familiares querían desaparecer o despojar de sus fortunas a heredar, es decir, en esencia era una corrupción, justificada hábilmente bajo la intención de ayudar a curar el sufrimiento de los pacientes.
    Por otro lado, me parece que el autor confunde la psiquiatría asilar con la psicoterapia actual, porque si bien cree que “la tiranía de juzgar inadecuada la vida de otra persona fue y es la fuente de la psicoterapia” (pp.26), me parece necesario hacer una distinción, ya que a mi juicio lo anterior sólo aplica en el primer caso (la psiquiatría asilar); en la psicoterapia actual, es el paciente el que decide acudir a consulta (con excepción de los niños y algunos adolescentes), el que siente que algo no anda bien en él y necesita ayuda. Por esta razón no creo equiparable ambas modalidades de psicoterapia como el autor lo propone.
     Finalmente, me parece importante rescatar que estoy convencida que el interés por mejorar y entender muchos fenómenos mentales incitó a desarrollar nuevos métodos y técnicas para incrementar y mejorar la salud psíquica de las personas.


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