jueves, 28 de julio de 2011

sábado, 2 de julio de 2011

Raíces de la psicoterapia

Desde la aparición del hombre en la Tierra, los seres humanos hemos tratado de entender nuestro propio comportamiento y,  en realidad ha generado muchas maneras de aproximarse a la respuesta. Las respuestas han sido variadas, al igual que las formas. Se ha pasado desde considerar una posesión de espíritus (buenos o malos), hasta explicaciones científicas observables, medibles y cuantificables. Esto es porque en el siglo XVII surge un repentino interés por una “filosofía experimental”, por asuntos prácticos.

Con el tiempo, me parece que el explicar las razones no es suficiente, ya que la teoría de una manera ideal sana, no es lo mismo que trabajar con lo que ya esta enfermo. Es decir, no es lo mismo crear o construir a reparar.

El interés por el mejoramiento, ya no tanto impulsado por la explicación humana, incitó a desarrollar nuevas metodologías en todas las áreas para la intervención y el MEJORAMIENTO de la salud psíquica de las personas.  Surgiendo así la psicoterapia.

En el siglo XX el interés de Freud por entender el comportamiento humano da origen al psicoanálisis y con esto se inicia la controversia de la “salud” y “enfermedad” mental.

Cada psicoterapeuta define o considera una conducta psicopatológica de acuerdo a la concepción de la naturaleza humana, que a mi juicio resulta bastante subjetivo e incluso confuso.

Para Freud una psicopatología que requería tratamiento era por una sublimación inadecuada, para él el hombre ideal era el hombre sublimado. Al tomar como punto de referencia este concepto de sanidad, me parece concreto el término. 

La definición de bienestar emocional entonces no es una cuestión científica, sino el reflejo de los valores éticos que sustente el que lo define.

Sin embargo, todas las formas de psicoterapia coinciden  que el hombre es susceptible de cambio y capaz de producir ese cambio en sí mismo. Además de que coinciden en que el autoconocimiento constituye la base de la realización personal. Desde luego desde diferentes perspectivas, razón por la cual hoy en día existen diversos enfoques con una propuesta de psicoterapia diferente.

Todas las escuelas que pretenden ser fieles a la “psicología dinámica” sostienen que la falta de conocimiento es el meollo  de la psicopatología.
autor: Ivana Guzmán (2011).

Personalidad saludable

Personalidad saludable… que término tan complicado de definir, ya que la ¡respuesta depende de a quién le preguntes!, lo que si es un hecho es que la mayor aspiración del ser humano es siempre la autotrasendencia, como dice Fromm, es decir, siempre se busca ser mejor al que ya se es.

No cabe duda que cada cosa en el tiempo como en la vida pasa por que tiene sentido que suceda, y como tiene sentido tiene el deber de suceder. La psicología en su construcción y reconstrucción ha pasado por muchos cambios a lo largo del tiempo que la han fortalecido para definirse o redefinirse, solamente es necesario revisar las necesidades psicológicas de las personas en aquellos años para entender el por qué de las propuestas surgidas; iniciando con psicoanálisis orientado a tratar la histeria, fundamentada en la hipótesis de alguna fijación de índole sexual surge por la necesidad de generar una estrategia de intervención que permitiera que el individuo explorarse, entenderse  y asimilarse como es, y de esta manera eliminar todas aquellas llamadas resistencias que no le permitieran fluir. No es extraño entonces que la meta del psicoanálisis sea “hacer consiente lo inconciente”, es decir, “instalar el yo donde antes habia ello”.

Lo mismo pasa con el conductismo y el cognitivismo, que surge con la idea de que ya instaurado “el yo donde habia ello”, como decían los psicoanalistas, entonces es posible un control en la conducta, y esta tiene la característica fundamental de ser observable, medible y cuantificable. Para ellos, los malos pensamientos y el poco control de la conducta hacen que el individuo enferme, es por ello que su trabajo se centra en el control de la conducta y la discriminación de los pensamientos.

La historia no cambia con la llamada 3ra fuerza, apostándole a los que ellos llaman “potencial humano”, surgiendo una vez más por la necesidad de la sociedad de trabajar con muchos de los sobrevivientes de guerra y todas aquellas personas que sufrieran de una neurosis noogena, como diría V.Frank y el sentido de vida, favoreciendo en el individuo el contacto y la responsabilidad consigo mismo y la sociedad. Por el tipo de demanda no es de extrañarse que las condicionantes para una de las terapias más importantes en la corriente humanista TCP sea la congruencia, la aceptación incondicional y la empatía.

 En conclusión, como he descrito anteriormente la psicología ha evolucionado, y gracias a esa evolución hay tantas concepciones de lo que es estar y ser una persona sana.

Personalmente, haciendo una critica a los tres principales enfoques, creo que no todo lo que nos pasa es necesario hacerlo consciente, no tiene sentido porque quizá nos daña más. Creo mas en el incosciente sabio, del que habla Jung, porque no todo lo puesto en el incosciente es necesariamente negativo. Por otro lado, tampoco creo que el control de la conducta sea un cambio real, ya que esta basado en un entrenamiento, esto no pasa por un análisis real, se queda barado en la conciencia, que resulta ser muy limitada.

Todas las corrientes psicológicas, tienen entonces pros y contras en su ser y hacer terapéutico, todas funcionan en la realidad porque favorecen de alguna manera la salud del individuo, que es finalmente la Eureka de la psicología general.
Autor: Ivana Guzmán (2011). 

Suicidio de la pareja.


La muerte trae consigo un impacto que paraliza  y conmociona todas las áreas del ser humano, cuando ella es el resultado de un suicidio, el impacto adquiere una dimensión más compleja por la percepción de culpabilidad, estigma y vergüenza que ocasiona entre las personas que se quedan a llorar su pérdida.

Si bien, el proceso de duelo ocasionado por un suicidio sigue las mismas fases que cualquier otro proceso de muerte, el peligro es que el elemento de culpabilidad ligado a todo suicidio retrase y altere la sana elaboración del proceso.

Duelo por suicidio
Los estudios realizados muestran que los dolientes por suicidio suelen experimentar una depresión más profunda y mayores problemas de índole físico, por el gran desgaste emocional y confusión prologada, en relación con aquellos cuyos seres queridos fallecieran por otras causas.

Tal vez, la principal dificultad radica en los sentimientos de culpa. No en vano los estudiosos del tema han llegado a sostener que justamente uno de los objetivos que se propone quien se quita la vida es provocar el sentimiento de culpa en aquellos que lo rodeaban, pues quien toma tal determinación se encuentra embargado por la frustración y la rabia y quiere provocar aflicción en aquellos que, supuestamente deberían haberle prestado ayuda y, a su juicio, no lo hicieron.

De esta manera quien se suicida tendría la intención de castigar a alguien, que puede ser su familia o cualquier otra persona que no duda en quitarse la vida con el fin de conseguirlo. Por supuesto, hay quienes aseguran que, el propósito del suicidio sería librarse a sí mismo y de sus dificultades.

No importa cuáles argumentos hayan conducido a la persona a tomar tal determinación, lo importante ahora no es lo que se piense o las explicaciones que se puedan dar, pues es una de las tragedias que nunca se puede explicar o entender por completo por el evidente estado crítico de la persona.

Duelo por suicidio de la pareja.
En el caso particular de las personas que sufren la pérdida de su pareja, se enfrentan a un tipo de duelo que resulta ser más complejo de superar; ya que  la persona perdida se lleva también con ella esa parte del propio ser que sólo ella mantenía: el ser compañero de vida, con la que comparten tiempo, planes y sueños de vida en común.

Y es que, la vida en pareja se compone no sólo de los planes de vida que se tengan en común; se trata de un tipo de relación interpersonal, un vínculo que únicamente es entre tres: Tú-Yo y nosotros, es decir  entre la pareja y todas aquellas cosas y sentimientos que comparten entre ellos. Podría ser una relación muy buena, regular o muy mala pero nadie más lo conoce tanto como ellos.

Es decir, el día que parte  uno de ellos, -que puede ser por diferentes motivos-  la pareja se encuentra sola, sola llorando su pérdida, por eso no es de extrañar que sus primeros pensamientos sean tales como: ¿Ficción o realidad?,  y es que lo complicado es cuando no se acepta la idea de que el ser amado ya no está, que jamás podrá volver a abrazarlo, a besarlo, o que ya no volverá a entrar por la puerta por donde tantas veces lo vio salir.